
A modo de introducción y tras haber profundizado algo más en las Nuevas Tecnologías aplicadas a la Educación soy consciente de que, a pesar de los tiempos que corren, este tema sigue entrañando una sustancial controversia.
No debemos olvidar la realidad: las nuevas tecnologías tienen cada vez un mayor peso en todos los ámbitos de nuestra vida, incurriendo así en la esfera educativa.
A nivel pedagógico consideramos que no podemos dejar de dirigir a los alumnos una atención personalizada con la satisfacción propia del profesorado, ése es nuestro compromiso. Con ello queremos decir, que quizá sea todavía un hecho algo lejano – y más en el caso de ciertos países, entre ellos el nuestro- el que los ordenadores se conviertan en el único “referente” para los alumnos. Los profesores no son meros transmisores de conocimientos, sino que contribuyen a las relaciones e interacciones que se generan en el ambiente del aula, y forman personas libres, autónomas, capaces de construir sus propios aprendizajes, entrando en juego así, su papel de mediador en el proceso educativo.
Por otra parte, sí entendemos que los ordenadores pueden ser una herramienta de trabajo importante para los alumnos para desarrollar al máximo sus competencias. Ahora bien, es cierto que debería destinarse una mayor inversión en la formación del profesorado en cuanto a nuevas tecnologías se refiere, para poder realizar su cometido con el máximo nivel de competencia.
De ahí surge la necesidad de buscar respuestas a este debate, y nos encontramos con el blend-learning, que se basa en una formación semipresencial, aunando aspectos de la formación presencial y la formación e-learning (a distancia). Con este nuevo enfoque el papel del profesor se desdoblaría en dos, por un lado el del especialista informático y por otro el de pedagogo. Pensamos que no todos los profesores están capacitados o motivados para desempeñar estas dos funciones; estaríamos hablando de sus experiencias previas con respecto a las nuevas tecnologías, sus motivaciones, etc.
Podríamos concretar esta serie de ideas con que actualmente las aulas cuentan con una nueva generación de estudiantes: la generación “i” (información e internet), que nada tiene que ver con generaciones anteriores. Sus demandas, valores y tendencias son diferentes y susceptibles de cambios rápidos.
Vivimos en la era de la información o la desinformación, según sea nuestro grado de optimismo.
En esta generación conviven tres tipos de estudiantes: “desinformados”, que sólo saben captar imágenes; “sobreinformados”, que viven en un torbellino de exceso de información sin selección ni comprensión; y la “informada”, capaces de seleccionar, ordenar, comprender y pagar la información.
Por lo tanto, la escuela, como parte integrante de la sociedad, debería adaptarse a esta nueva realidad. Los docentes deberían ser capaces de formar alumnos en la selección, comprensión y ordenación de la información. Insistir en transmitir unos conocimientos sin más, potenciar la memorización sobre la comprensión, acumular información y conocimientos, son vías que deberían estar ya superadas. La cuestión que deriva de esto es si los profesores están lo suficientemente preparados para ello o si están convencidos que su actuación deber estar orientada en esa dirección.
Valores como la autonomía personal, creatividad, innovación serán universales en la nueva sociedad de la información. Educar no es transmitir datos, informaciones ni siquiera conocimientos, se trata sobre todo de formar personas que sean capaces de aprender a aprender.

